Preguntas frecuentes
Respuestas directas a lo que la gente pregunta antes de empezar: si es legal hacer terapia con una psicóloga de otro país, cuánto cuesta sin seguro médico, cómo se paga desde Estados Unidos, qué horarios hay en tu zona horaria y qué pasa si no tienes papeles. Si algo no está acá, escribe y se responde.
Credenciales, jurisdicción y alcance
La parte más importante y la que conviene leer primero. Está desarrollada en el aviso legal.
Sí, puedes contratar sesiones de acompañamiento psicológico online con una profesional de otro país. Lo que la ley estadounidense regula es la psicoterapia clínica: para eso hace falta una licencia del estado donde tú te encuentras físicamente. La Lic. Mariana Jara está matriculada en Argentina, no en Estados Unidos, y ofrece acompañamiento psicológico en español, que no reemplaza el tratamiento con un profesional licenciado en tu estado.
No. No está licenciada en ningún estado de Estados Unidos. Su matrícula profesional es del Colegio de Psicólogos de Chubut, Argentina, donde se graduó como Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Esto está explicado en detalle en la página de aviso legal, y conviene leerlo antes de agendar.
Un profesional licenciado en tu estado puede hacer diagnóstico clínico, coordinar con tu médico o psiquiatra, emitir documentación con validez legal y, en muchos casos, facturar a tu seguro. Este servicio no hace nada de eso: es un espacio de acompañamiento psicológico en español, con una profesional formada, para trabajar lo que estás atravesando. Si necesitas tratamiento clínico formal, lo correcto es un profesional licenciado en tu estado.
No y no. No se aceptan seguros médicos y no se emiten superbills, precisamente porque la Lic. Jara no está licenciada en Estados Unidos y ese documento no tendría validez ante tu aseguradora. El pago es directo, sin intermediarios y sin deducible.
No. No se solicita número de seguro social, ni licencia de conducir, ni documentación migratoria de ningún tipo. Para agendar solo hace falta un nombre y una forma de contacto.
Sí. Todo lo que se conversa queda bajo el código de ética profesional argentino, que obliga al secreto profesional. Una aclaración importante: este no es un servicio cubierto por HIPAA, la ley estadounidense de privacidad médica, porque HIPAA aplica a proveedores del sistema de salud de Estados Unidos.
Precios y formas de pago
La sesión individual de 50 minutos cuesta $75 USD (agosto de 2026). La sesión de pareja de 60 minutos cuesta $95 USD y la sesión grupal de 90 minutos $30 USD por persona. Todas las sesiones se pagan por adelantado; no hay una sesión de prueba sin cargo.
Porque la práctica está radicada en Argentina, donde los costos operativos son mucho más bajos. En Estados Unidos una sesión sin seguro cuesta entre $100 y $250 dólares, con un promedio cercano a $175. Acá pagas $75 USD, con una profesional con más de diez años de práctica clínica. La diferencia es de estructura de costos, no de formación.
Sí. De hecho es el caso de buena parte de las personas que consultan. No hace falta seguro, no hay deducible que cubrir antes de empezar y no hay copago. Pagas la sesión y listo. Cerca del 18% de la población latina en Estados Unidos no tiene cobertura médica, y para ellos el pago directo suele ser la única vía realista.
Con Zelle, Venmo, Cash App, PayPal o tarjeta de crédito o débito. Zelle es la opción más simple si tienes cuenta en un banco estadounidense: es transferencia directa y sin comisión. El pago se hace antes de la sesión.
Sí. El paquete de 4 sesiones cuesta $280 USD, es decir $70 USD por sesión. El de 8 sesiones cuesta $520 USD, o sea $65 USD por sesión. Los paquetes no vencen y se pueden usar al ritmo que necesites.
Si avisas con más de 24 horas de anticipación, la cancelación no tiene cargo y se reprograma sin costo. Con menos de 24 horas se cobra el 50% de la sesión, porque ese horario ya no se puede reasignar. Si no te presentas y no avisas, se cobra la sesión completa.
Cómo son las sesiones
Escribes por WhatsApp contando en dos líneas qué te trae. Ahí mismo puedes preguntar lo que necesites saber antes de reservar: cómo se trabaja, horarios, formas de pago. Cuando lo tengas claro, se acuerda el día de la primera sesión y se envían las instrucciones de pago.
Las sesiones individuales son de 50 minutos y las de pareja de 60. La frecuencia habitual es semanal, sobre todo al principio. Cuando el proceso avanza, muchas personas pasan a una sesión cada dos semanas.
Un teléfono, tablet o computadora con cámara y micrófono, internet estable y un lugar donde puedas hablar tranquilo. Las sesiones son por Google Meet o Zoom, lo que te resulte más cómodo. Si compartes vivienda y no tienes privacidad, se puede trabajar desde el auto: es más común de lo que parece.
Sí, siempre. Todo el servicio es en español: la sesión, los mensajes, los materiales. No hay traductor de por medio ni necesidad de explicar tu contexto cultural antes de poder hablar de lo que te pasa.
Depende de lo que traigas. Para un tema acotado, entre 8 y 12 sesiones suelen alcanzar para ver cambios concretos. Para procesos más largos, como un duelo migratorio o una crisis de pareja, el trabajo se extiende más. En la cuarta sesión se revisa juntos cómo va y si tiene sentido continuar.
Sí, en cualquier momento y sin dar explicaciones. Es un espacio voluntario. Si algo no está funcionando, lo más útil es decirlo en sesión: muchas veces eso mismo abre el trabajo. Y si aun así prefieres parar, se para.
Horarios según tu zona
La agenda es de lunes a viernes de 9:00 a 20:00 hora de Argentina, más algunos sábados por la mañana. Traducido: hasta las 19:00 en la Costa Este, hasta las 18:00 en la zona Centro y hasta las 16:00 en el Pacífico. Argentina no cambia de hora en verano, así que en invierno estadounidense todo se corre una hora más temprano.
Hoy no. Con la agenda actual, el último turno disponible en horario del Pacífico es a las 16:00, así que no hay opciones después de la jornada laboral. Si tienes flexibilidad al mediodía o trabajas en turnos, sí funciona. Se está evaluando abrir una franja nocturna para la Costa Oeste: si es tu caso, escribe y quedas en la lista.
Duelo migratorio
Es el proceso emocional de elaborar todo lo que se pierde al migrar: la familia, los amigos, el idioma cotidiano, el paisaje, el estatus profesional, la sensación de pertenecer. Se lo llama duelo porque funciona como uno, con la diferencia de que lo perdido sigue existiendo en otro lado, lo que hace que nunca termine de cerrarse del todo.
No tiene un plazo fijo. Suele ser más intenso entre el primer y el tercer año, y muchas personas lo reactivan años después ante un disparador concreto: la muerte de alguien allá, un hijo que deja de hablar el idioma, una visita al país de origen. No es lineal y no significa retroceder cuando vuelve.
Porque el duelo migratorio no depende de que te haya ido mal. Es perfectamente posible tener una vida resuelta y aun así extrañar, sentirte fuera de lugar o cargar con culpa por los que quedaron. De hecho, que te haya ido bien a veces lo empeora: aparece la sensación de no tener derecho a quejarse, y eso hace que ni siquiera se hable.
Fe y terapia
No. Ninguna denominación cristiana mayoritaria, ni católica ni evangélica, considera pecado buscar ayuda psicológica. La terapia trabaja sobre lo emocional, lo vincular y lo conductual; no compite con la fe ni la reemplaza. Muchos pastores y sacerdotes derivan a psicólogos con normalidad.
La consejería cristiana la da alguien de la comunidad de fe —pastor, líder, consejero pastoral— desde una formación teológica, y su marco es espiritual. La terapia con perspectiva cristiana la da una psicóloga con formación clínica que integra tu fe cuando tú lo pides. Se complementan bien; no son lo mismo y ninguna sustituye a la otra.
Solo si tú lo pides. La oración puede ser un recurso dentro del proceso cuando tiene sentido para la persona, nunca algo que se impone. Hay quienes quieren que la fe esté presente todo el tiempo y quienes prefieren mencionarla solo cuando aparece. Ambas cosas están bien.
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